2026  DONDE EMPIEZAN LAS IMÀGENES

Este año empezó con el impulso del año  anterior.

Con planes, con invitaciones a ferias y muestras, con la sensación de tener que avanzar, producir, responder. Empecé a pisar el acelerador… pero algo, al mismo tiempo, me frenaba.

No era resistencia. Era otra cosa.

Una mañana —sin demasiada explicación— lo entendí: necesitaba ir hacia adentro. Y así, casi como una revelación simple, decidí ser más introspectiva.

Bajar la velocidad. Trabajar más despacio. Pensar cada decisión más de una vez. Darlo todo, como siempre, pero en cámara lenta.

Desde ese lugar, algo empezó a cambiar.

Ya no solo me interesa lo material —la tela, el color, la trama— sino también ese campo que me acompaña desde siempre. Un territorio más difícil de nombrar, cercano a lo onírico, a lo intuitivo, a esas imágenes que aparecen sin ser buscadas.

También volvieron otras cosas.

Las historias.

 En mi casa familiar había una biblioteca enorme, y era natural estirar la mano, elegir un libro y perderme ahí. Novelas, cuentos, crónicas. Mundos enteros que se abrían en silencio.

Siento que algo de eso está resurgiendo.

Como si esas formas de narrar —más internas, más sensibles— empezaran a filtrarse en lo que hago. Este año están apareciendo imágenes más personales. La búsqueda se está volviendo más profunda, más propia.

Mi taller acompaña este momento.

Es un espacio abierto, pero también íntimo. Y tengo ganas de compartirlo así. Recibirlos, mostrar los procesos, lo que está en desarrollo, lo que todavía no tiene nombre. Si querés venir a conocer, podés escribirme.

Voy a ir compartiendo cada nueva pieza. Y cuando aparezca una serie que sienta que necesita salir al mundo, veré hacia dónde quiere ir.

Por ahora, estoy acá.

Escuchando. Probando. Dejando que las imágenes encuentren su tiempo.