Casa Obra es de tres artistas que tendran sus talleres abiertos esos dias , son Mariangeles Blanco, Daniel Romano y Joaquien Gonzalez Bonorino.
Esperamos que pedan venir y desde ya muchas gracias!!
FLORES TROPICALES (Constanza Martinez)
El discreto encanto de ser diseñadora textil
El oficio textil implica por parte de la diseñadora un proceso paciente y riguroso. Uno imagina que
se debe a la cantidad de decisiones a tomar —selección de fibras, tintes, tecnologías, motivos—
todas estas alternativas son las que ecualiza cada diseñador con maestría para crear a partir de
estos elementos superficies blandas de lecturas infinitas que imprimen en objetos de uso cotidiano
un lenguaje visual.
Esta tarea en muchas ocasiones comienza con el hecho de explicar el oficio y con ello su
particularidad. La primera pregunta que suele realizar la persona ajena al campo es:
* ¡Ah!, ¿haces ropa?
* No, asevera la/el diseñador: hacemos telas, y esto puede significar tanto los dibujos que van
sobre cómo la estructura del tejido.
* Ah, ¿cómo sería?, esta suele ser la segunda pregunta: ¿cómo se diseñan las telas?
Hay dos maneras muy simples de explicarlo que están muy evidenciadas en el recorrido de Flores
Tropicales. Los diseños se dividen en dos grandes grupos:
* Estructurales, como los jacquards de MOCA, diseñados por Marisa y Vanina: esto significa que al
momento de tejer la tela también se teje el motivo.
* Superficiales, que parten de una tela base previa a la que se le adiciona el diseño, ya sea
estampado a mano o de forma digital, sublimado o pintado, como en los tapices y textiles de
Jimena Palacios.
El campo del textil quedó muy relegado hacia los años 80, con el ready made de la ropa, cuando los
diseñadores de indumentaria pasaron a un primer plano. Ese sueño simultáneo de Sonia y Robert
Delaunay —en el que en el corte de la prenda estaba inscripta su moldería— quedó en utopía.
Antiguamente, gracias a la proliferación de sederías, producto en nuestro país de una industria
textil de avanzada y un consumo interno que acompañaba, junto con las academias de corte y
confección,las lecciones de moldería en revistas como la Burda, la mayoría de las mujeres tenían
en su casa una máquina de coser y era muy común comprar un corte de tela y realizar su propio
vestido.
Recuerdo a mis tías abuelas cada domingo, después del almuerzo, despejar la mesa para dicha
tarea. A la tarde íbamos a tomar el té a la confitería Richmond, El Molino o Harrods luciendo
nuevos modelos. En el orillo estaba el adn de la tela: la cantidad de colores, la firma del diseñador,
el productor y su procedencia.
¿Qué pasó con este oficio ineludible que quedó invisibilizado, y gusto por elegir tu propia tela?. Hoy
en día uno puede nombrar fácilmente diseñadores de indumentaria y no así de textiles. Como bien
decía la gran diseñadora argentina Medora Manero: “la tela manda”.
Vicky Salías, directora del Museo del Traje, siempre dice que los diseñadores textiles son como los
fotógrafos de las artes visuales en el sentido que son los “fierreros” del gremio: hablamos de
máquinas, de tecnologías y ocupamos grandes galpones.
La carrera de diseño textil se crea en 1989, ya casi con una industria agonizante, pero bienvenida al
fin de fiesta. Tal vez estas coyunturas hicieron que estas tres diseñadoras sean productoras de sus
propias telas, lo que suele ser muy poco frecuente si nos comparamos con otras latitudes.
Jimena Palacios trabaja en soledad desarrollando sus diseños que pasan del formato analógico al
digital, en una variedad de productos únicos: tapices pintados, series limitadas de accesorios para
la casa, prendas y pañuelos en múltiples tecnologías que van del pincel en mano, estampa digital,
sublimación, serigrafía y los exquisitos jacquards que muchas veces vuelve a intervenir
desarrollados por el estudio MOCA. Sus tapices evocan los textiles de la manufactura Petite Usine y
su línea Martine diseñada por Raoul Dufy y Poiret, con guiños al fauvista coleccionista de textiles
nuestro querido Henri Matisse. Palacios despliega su práctica entre la pintura y la tecnología. Sus
telas pintadas a mano, concebidas como tapices, dialogan con la tradición artesanal, mientras sus
pañuelos e indumentaria trasladan el motivo floral al cuerpo, convirtiendo lo cotidiano en soporte
de poesía, como las prendas de Cocteau y Schiaparelli. A través del estampado digital por
sublimación y del diseño de mantas en tejido jacquard, Palacios revela que la repetición industrial
puede ser reimaginada como gesto creativo.
El estudio MOCA, dirigido por Marisa Camargo (directora de la carrera de diseño textil UBA) junto a
su hija la diseñadora Vanina Molinari, se mimetizan en múltiples estéticas realizan textiles para
diferentes empresas estamperias y tejedurías industriales en distintas escalas, lo que les permite
desarrollar en múltiples técnicas obras de artistas como las de Blanco, Bonorino, Romano,
expuestas en este Pop up. Marisa y Vanina han hecho del tejido jacquard su territorio de creación.
Su labor, muchas veces invisible, consiste en traducir las ideas de otros diseñadores en tramas
posibles, convirtiéndose en “diseñadoras de diseñadores”. Trabajan para distintas marcas y colegas
—entre ellos la propia Jimena Palacios— y sostienen, con rigor técnico y sensibilidad, la posibilidad
de que cada motivo se convierta en lenguaje estructural.
Flores Tropicales invita a recorrer un espacio donde la práctica textil se revela no sólo como
técnica, sino como forma de pensamiento. Una propuesta disidente si observamos la monotonía de
las propuestas textiles que abundan. La exposición se presenta como un Pop up organizado por
Diderot Art en Casa Obra, una casa‐taller‐estudio donde tres diseñadoras abren su espacio a la
experimentación. En este marco efímero y vibrante, la labor de las diseñadoras textiles se
despliega como resistencia a la repetición que impone la industria.
Lo que en el mercado se exige como “flores tropicales” se convierte aquí en ironía: un motivo que
revela la tensión entre lo comercial y lo creativo, entre la consigna y la poética, entre la pieza
única y sus múltiples variantes.
Flores tropicales es un título irónico. En Argentina, la industria textil suele preferir lo seguro:
motivos repetidos, fórmulas probadas, miedo a arriesgar. Cuando un diseñador es convocado, la
consigna se repite: “flores tropicales”. Ese mandato, convertido en cliché, es aquí el punto de
partida para una exposición que revela lo contrario: la potencia crítica y creativa de tres
diseñadoras textiles que transforman la imposición en lenguaje singular.
