Como diseñadora textil, durante años expliqué a muchas empresas que me buscaban por mi estilo que el diseño iba mucho más allá de repetir las clásicas flores tropicales o algunas tenencias. Aunque esas estampas parecían la apuesta segura, yo me preguntaba: ¿realmente era eso lo que la gente deseaba?

Detrás de un diseñador textil hay una mirada, una sensibilidad y una búsqueda que no se limita a seguir lo masivo que, a veces, ya no emociona. Por eso decidí crear mi propia marca y darme la oportunidad de comprobar algo que intuía desde hacía tiempo: lo auténtico, lo original y lo que nace con un lenguaje propio tiene un poder único.

Y así sucedió. Las personas empezaron a agradecer, a sonreír, a emocionarse al encontrar propuestas distintas, con alma, que les permitían expresarse de una manera nueva. Ese suspiro de alivio y alegría confirmó que valía la pena arriesgarse.

No somos técnicos repitiendo fórmulas: somos creadores. Y en esta muestra queremos celebrarlo. Junto a Moca Textil y bajo la curaduría de Constanza Martínez, vamos a desplegar las alas y compartir lo que realmente podemos hacer.

La comercialización estará a cargo de Diderot Art

Casa Obra es de tres artistas que tendran sus talleres abiertos esos dias , son Mariangeles Blanco, Daniel Romano y Joaquien Gonzalez Bonorino.

Esperamos que pedan venir y desde ya muchas gracias!!

 

FLORES TROPICALES (Constanza Martinez)

 

El discreto encanto de ser diseñadora textil

El oficio textil implica por parte de la diseñadora un proceso paciente y riguroso. Uno imagina que

se debe a la cantidad de decisiones a tomar —selección de fibras, tintes, tecnologías, motivos—

todas estas alternativas son las que ecualiza cada diseñador con maestría para crear a partir de

estos elementos superficies blandas de lecturas infinitas que imprimen en objetos de uso cotidiano

un lenguaje visual.

Esta tarea en muchas ocasiones comienza con el hecho de explicar el oficio y con ello su

particularidad. La primera pregunta que suele realizar la persona ajena al campo es:

* ¡Ah!, ¿haces ropa?

* No, asevera la/el diseñador: hacemos telas, y esto puede significar tanto los dibujos que van

sobre cómo la estructura del tejido.

* Ah, ¿cómo sería?, esta suele ser la segunda pregunta: ¿cómo se diseñan las telas?

Hay dos maneras muy simples de explicarlo que están muy evidenciadas en el recorrido de Flores

Tropicales. Los diseños se dividen en dos grandes grupos:

* Estructurales, como los jacquards de MOCA, diseñados por Marisa y Vanina: esto significa que al

momento de tejer la tela también se teje el motivo.

* Superficiales, que parten de una tela base previa a la que se le adiciona el diseño, ya sea

estampado a mano o de forma digital, sublimado o pintado, como en los tapices y textiles de

Jimena Palacios.

El campo del textil quedó muy relegado hacia los años 80, con el ready made de la ropa, cuando los

diseñadores de indumentaria pasaron a un primer plano. Ese sueño simultáneo de Sonia y Robert

Delaunay —en el que en el corte de la prenda estaba inscripta su moldería— quedó en utopía.

Antiguamente, gracias a la proliferación de sederías, producto en nuestro país de una industria

textil de avanzada y un consumo interno que acompañaba, junto con las academias de corte y

confección,las lecciones de moldería en revistas como la Burda, la mayoría de las mujeres tenían

en su casa una máquina de coser y era muy común comprar un corte de tela y realizar su propio

vestido.

Recuerdo a mis tías abuelas cada domingo, después del almuerzo, despejar la mesa para dicha

tarea. A la tarde íbamos a tomar el té a la confitería Richmond, El Molino o Harrods luciendo

nuevos modelos. En el orillo estaba el adn de la tela: la cantidad de colores, la firma del diseñador,

el productor y su procedencia.

¿Qué pasó con este oficio ineludible que quedó invisibilizado, y gusto por elegir tu propia tela?. Hoy

en día uno puede nombrar fácilmente diseñadores de indumentaria y no así de textiles. Como bien

decía la gran diseñadora argentina Medora Manero: “la tela manda”.

Vicky Salías, directora del Museo del Traje, siempre dice que los diseñadores textiles son como los

fotógrafos de las artes visuales en el sentido que son los “fierreros” del gremio: hablamos de

máquinas, de tecnologías y ocupamos grandes galpones.

 

La carrera de diseño textil se crea en 1989, ya casi con una industria agonizante, pero bienvenida al

fin de fiesta. Tal vez estas coyunturas hicieron que estas tres diseñadoras sean productoras de sus

propias telas, lo que suele ser muy poco frecuente si nos comparamos con otras latitudes.

Jimena Palacios trabaja en soledad desarrollando sus diseños que pasan del formato analógico al

digital, en una variedad de productos únicos: tapices pintados, series limitadas de accesorios para

la casa, prendas y pañuelos en múltiples tecnologías que van del pincel en mano, estampa digital,

sublimación, serigrafía y los exquisitos jacquards que muchas veces vuelve a intervenir

desarrollados por el estudio MOCA. Sus tapices evocan los textiles de la manufactura Petite Usine y

su línea Martine diseñada por Raoul Dufy y Poiret, con guiños al fauvista coleccionista de textiles

nuestro querido Henri Matisse. Palacios despliega su práctica entre la pintura y la tecnología. Sus

telas pintadas a mano, concebidas como tapices, dialogan con la tradición artesanal, mientras sus

pañuelos e indumentaria trasladan el motivo floral al cuerpo, convirtiendo lo cotidiano en soporte

de poesía, como las prendas de Cocteau y Schiaparelli. A través del estampado digital por

sublimación y del diseño de mantas en tejido jacquard, Palacios revela que la repetición industrial

puede ser reimaginada como gesto creativo.

El estudio MOCA, dirigido por Marisa Camargo (directora de la carrera de diseño textil UBA) junto a

su hija la diseñadora Vanina Molinari, se mimetizan en múltiples estéticas realizan textiles para

diferentes empresas estamperias y tejedurías industriales en distintas escalas, lo que les permite

desarrollar en múltiples técnicas obras de artistas como las de Blanco, Bonorino, Romano,

expuestas en este Pop up. Marisa y Vanina han hecho del tejido jacquard su territorio de creación.

Su labor, muchas veces invisible, consiste en traducir las ideas de otros diseñadores en tramas

posibles, convirtiéndose en “diseñadoras de diseñadores”. Trabajan para distintas marcas y colegas

—entre ellos la propia Jimena Palacios— y sostienen, con rigor técnico y sensibilidad, la posibilidad

de que cada motivo se convierta en lenguaje estructural.

Flores Tropicales invita a recorrer un espacio donde la práctica textil se revela no sólo como

técnica, sino como forma de pensamiento. Una propuesta disidente si observamos la monotonía de

las propuestas textiles que abundan. La exposición se presenta como un Pop up organizado por

Diderot Art en Casa Obra, una casa‐taller‐estudio donde tres diseñadoras abren su espacio a la

experimentación. En este marco efímero y vibrante, la labor de las diseñadoras textiles se

despliega como resistencia a la repetición que impone la industria.

Lo que en el mercado se exige como “flores tropicales” se convierte aquí en ironía: un motivo que

revela la tensión entre lo comercial y lo creativo, entre la consigna y la poética, entre la pieza

única y sus múltiples variantes.

Flores tropicales es un título irónico. En Argentina, la industria textil suele preferir lo seguro:

motivos repetidos, fórmulas probadas, miedo a arriesgar. Cuando un diseñador es convocado, la

consigna se repite: “flores tropicales”. Ese mandato, convertido en cliché, es aquí el punto de

partida para una exposición que revela lo contrario: la potencia crítica y creativa de tres

diseñadoras textiles que transforman la imposición en lenguaje singular.